A pesar de la crisis por la que atraviesan los mercados bursátiles internacionales, se puede invertir en Bolsa, aunque no de cualquier modo. Se aconseja invertir a largo plazo, es decir, a más de tres años vista, ya que, de este modo, aunque las ganancias no sean desorbitadas, es difícil acabar con pérdidas. Otra de las ventajas que tiene este tipo de inversión es que el ahorrador no tiene que estar pendiente de la evolución de las cotizaciones a diario, porque su punto de mira está puesto a varios años.
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Los depósitos online, es decir, los que podemos suscribir por internet, tienen la ventaja de que no necesitamos ir a la sucursal del banco cada vez que deseemos realizar alguna operación (suscripción, renovación, cancelación.. ) con ellos. Pero además de esa ventaja, también ofrecen algo mas de rentabilidad, ya que proporcionan entre un 1% y 3% más por término medio, por encima de los depósitos tradicionales.
Los depósitos contratados a través de la red están destinados a plazos muy cortos, que no exceden de los doce meses y, en general, no contemplan comisiones ni gastos de administración. Por lo que respecta a su rentabilidad, la horquilla es muy amplia en función del tipo de producto seleccionado, el plazo al que se dirige y las características del mismo, pero está comprendida entre el 1,75% y 7,15%, aunque cabe advertir que los de mayor rentabilidad están destinados a periodos promocionales. Asimismo hay que tener en cuenta que algunos de estos productos tienen estipulada una penalización de entre un 0,50% y un 2% sobre el importe reintegrado anticipadamente durante los días que faltan para el vencimiento. Por otro lado su contratación es muy sencilla, porque el mínimo exigido es a partir de 1.000 euros, aunque también hay que entidades que bajan de esta cantidad. El único requisito para acceder a ellos es ser cliente de un banco o caja de ahorros online, y disponer de una contraseña.
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Cada vez son más los ciudadanos con problemas de liquidez que no dudan en solicitar créditos bancarios por encima de los 30.000 euros. Los préstamos "millonarios" pueden alcanzar hasta los 80.000 euros y son productos que cada vez más bancos incluyen entre su listado de ofertas. Estos créditos personales o al consumo sirven para financiar desde la reforma del hogar hasta el pago de una deuda. Tienen un plazo de amortización de entre 5 y 10 años, y aplican intereses de hasta el 12%, entre uno y dos puntos superiores a los de préstamos por importes de menor cuantía.
Los créditos "millonarios" ofrecen algunas particularidades que los diferencian de otros productos crediticios, como la posibilidad de no pagar ningún tipo de interés durante un corto periodo de tiempo (en torno a los seis meses), poder pagar varias cuotas al año (12, 13, 14…), y elegir un tipo fijo o variable, en función de la modalidad seleccionada (cuando el tipo de interés es fijo, se determina en función del plazo solicitado para la devolución del préstamo).
Entre sus desventajas hay que destacar que las exigencias para su contratación son muy duras, y en la mayoría de los casos es necesario presentar las últimas nóminas, así como los resguardos más recientes de la declaración del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. Además, si el importe del préstamo es superior a 30.000 euros, se debe formalizar ante notario, cuyos gastos ascienden a un 0,3% del importe solicitado. Ello sin contar con las comisiones, que la mayoría de entidades evalúa entre el 1 y el 5 por ciento, especialmente en concepto de apertura.
Un aspecto que debemos tener en cuenta al contratar uno de estos créditos "millonarios" es su plazo de amortización, que ronda los cinco años. Al ser relativamente corto, hace que la cantidad mensual que haya que abonar sea muy elevada, lo que puede generar un alto grado de endeudamiento al demandante. Por ello, conviene pensarlo bien antes de suscribir uno de estos contratos.
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¡Cuidado con su cartera!, en estos momentos contiene uno de sus peores enemigos: la tarjeta de crédito. En plena cuesta de enero, estos pequeños instrumentos representan para muchas familias un oasis ante el creciente número de gastos que hay que afrontar tras sobrevivir a unas fechas, las navideñas, que ha dejado vacías las arcas del ahorro doméstico. La dependencia de la tarjeta como medio para olvidar los sinsabores de la cuenta corriente es, para muchos, la mejor terapia para afrontar las primeras compras del año sin estrés ni preocupaciones. Sin embargo, con este hábito los problemas de liquidez no sólo se mantienen, sino que se agravan.
Un desapego extremo del estado real de la salud del bolsillo puede salir muy caro, y es fácil, incluso probable, que la tarjeta se transforme a medio plazo en el principal enemigo de su titular. La razón es que uno de sus principales atractivos es el de simular que las compras son gratis -puesto que nunca se palpa el dinero- y que el límite de gasto es infinito. Nada más lejos de la realidad: son numerosas las ocasiones en las que se abonan las compras a precios desorbitados sin que el usuario sea consciente de ello. Por eso hay que decirlo alto y claro: las compras a crédito a través de la tarjeta son caras. A ello se suma que en la actualidad, ante la crisis, numerosas entidades han endurecido las condiciones de uso de estos medios de pago. Los tipos de interés y las comisiones por su mantenimiento han subido, los límites para comprar han bajado y los bancos y cajas exigen un mayor número de documentos y garantías para la concesión de una tarjeta.
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En muy pocas ocasiones compensa hacer esta operación debido a los intereses, comisiones e impuestos que hay que abonar.
En estos momentos de crisis en que muchas familias no saben qué hacer para afrontar tantas deudas, entre ellas las hipotecarias, y en una coyuntura laboral cada vez más inestable, no son pocos quienes se plantean solicitar un nuevo préstamo para pagar el primero. Una opción que puede entenderse, en princio, descabellada porque supone entrar en un círculo vicioso de difícil salida, salvo que el titular esté seguro de que contará con ingresos elevados en un periodo posterior con los que podrá hacer frente al pago del segundo crédito.
Lo primero que debe hacer la persona que ha llegado a una situación en la que le cuesta pagar las mensualidades del primer préstamo es analizar la capacidad de endeudamiento que aún tiene. Es importante hacer un estudio claro y exhaustivo de los ingresos que le reporta su trabajo, si está seguro de que éste es fijo o corre el riesgo de perderlo, y reflexionar sobre los bienes con los que cuenta y si estos son o no prescindibles. Por otra parte, ha de calcular los gastos fijos mensuales actuales y los de los próximos meses, como el pago de cuotas de hipoteca o de préstamos personales. Esto le dará una idea de la situación en la que se encuentra, y su nivel de endeudamiento, que los expertos aconsejan limitar al 40%.
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